..Este último tiempo ha sido indescriptible.No necesariamente malo ni bueno. Y no. Trataré de esta vez (aunque sea sólo esta) escribir algo con la ambigüedad mínima posible que me permita mi sistema nervioso. No es colapsar llamandolo superficialmente y es algo tan estúpido como usar en cada estúpida entrada un estúpido comentario con las mismas estúpidas palabras basadas en las mismas estúpidas ideas y creadas por la misma estúpida persona. Ya si tampoco quiero dar lástima, pare de mirarme de esa manera, ¿le he hecho algo a usted como para que me mire como diciendo "pobrecita"? lo dudo, tampoco se me acerque, ¿¡que está tratando de hacer!? ¿Convencerme de qué? ¿Quién se cree usted que es como para venir a decirme lo mucho que valgo? Por favor, en esta oportunidad es usted el que debería reaccionar. Yo estoy bien, le repito, estoy bien. (y se lo digo con una cara increíblemente falsa). Me muerdo los labios y no es de nervios, me como las uñas y es ansiedad en su estado más puro. Miro mi reloj y faltan 13 minutos para irme, ¡Dios!, los trece minutos se me hacen trece horas, que manera de hacérseme largos esos malditos trece minutos, cuando otras veces ni me doy cuenta porque me pongo a escuchar música y Uff, ya me atrasé una hora. Y por fin llega el maldito momento más esperado y se pasó tan rapido que nisiquiera me dí cuenta y la maldita espera no sirvió para nada, porque no pasó nada. Y de nuevo me muerdo los labios. Miro el balcón pensando enfermizamente qué se sentirá tirarse de ahí. Y nada. Supongo que nunca sabré que se siente y menos me atrevería a tirarme aunque no me muriese y sólo quedase herida o me salvase milagrosamente sin un rasguño. Y pongo mis manos en mi cara, las manos más frías de todas, peor que témpanos de hielo, de ésas que te tocan y prácticamente te paralizan, y al sentirlas sentirás también que yo soy fría. Y quizás puedo serlo, pero sólo en los momentos que debo serlo. Y miro mi entorno, lo veo y me da risa. Empiezo a dar vueltas y vueltas, pero nunca rápidas porque no me quiero marear y además podría vomitar y eso sería un suceso bastante asqueroso. No. Doy esas vueltas que se dan suavemente y se dan pensando en alguna "persona especial". Y doy vueltas. El viento suelta mi pelo y debería desenredarlo, pero hace todo lo contrario, lo enrreda y lo deja feo para que después vaya a la farmacia y pida el nuevo shampoo Sedal Anti Frizz. Salgo de la farmacia dichosa porque podré arreglar mi pelo y tengo una sonrisa falsa de oreja a oreja. Pero después se pone a llover y yo tratando de dármelas de actriz de esas películas antiguas y tan fantásticamente ridículas que la protagonista baila sobre la lluvia y mira al cielo y una gota cae por su mejilla haciendola parecer lágrima pero es felicidad, y llega su amado y se miran, y corren para terminar la escena con un romántico beso bajo la lluvia. Pero no. Yo me caí. Y me dolió. Pero de alguna manera que hasta el día de hoy no consigo entender, me levanté, nosé como pero me levanté. (Y el sol nunca salió). Entonces adolorida caminé hasta una plaza a sentarme en una banca porque me dolía bastante el pie. Me senté y miré a mi alrededor, me dí cuenta que entre 57 tréboles hay un trébol de cuatro hojas y me acordé de cuando mi profesor me decía que existían los milagros y las exepciones. Supuse que el pequeño trébol era una exepción porque un milagro sería encontrarlo entre 3 tréboles y que realmente te diera suerte. Así que amargadamente lo arranqué y lo boté a la basura con tanta rabia, como si mi vida estuviese incrustada en aquel trébol de cuatro hojas y yo la odiase. Boté el trébol. Y lo peor fue que retorcidamente lo disfruté. Me volví a sentar y me dí cuenta de que mi pie se hinchaba cada vez más y sentí un dolor inmenso, como si me estuvieran clavando una espina en el corazón (lo mismo que sienten las adolescentes cuando terminan con su pareja, porque para ellas todo es el fin del mundo). Se me acercó una tierna abuelita a preguntarme qué me pasaba y si me podía ayudar en algo. Le dije que estaba todo bien y le sonreí. Se alejó y me miró con una expresión extraña que no sabría describírsela. Y no quise que me ayudara. Porque yo me la podía sola. No es complejo de superman, es tratar de ser independiente y sentir que no necesitas a nadie para sobrevivir (y es mentira aunque yo no lo supiese en ese momento). Así que espere unas horas sentada, con frío y mis manos heladas, y cuando creí que ya tendría que pedir ayuda, el dolor paró. Así de simple para mí y así de complejo para los doctores que quisieron entender que me había pasado en el pie. Entonces me paré de lo más normal, me fui caminando hacia mi casa, pensando, y recordé todo lo que me había pasado ese día, que al final perdí mi shampoo y yo sólo quería girar.